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lunes, 28 de junio de 2010

Witold Gombrowicz

Nada en el arte, ni siquiera los más inspirados misterios de la música, puede igualar al sueño. La perfección artística del sueño! Cuántas lecciones nos ofrece este maestro nocturno a los diurnos fabricantes de sueños, los artistas. En el sueño todo está preñado de terribles e impenetrables significaciones, nada es indiferente, todo nos toca más profunda, más íntimamente que la más encendida de las pasiones diurnas... ahí la lección por la que el artista no puede limitarse al día, tiene que penetrar a la vida nocturna de la humanidad y buscar sus mitos, sus símbolos.

También: el sueño destruye la realidad cotidiana del día, extrae de ella ciertos trozos, extraños fragmentos y los dispone absurdamente en un dibujo arbitrario... pero para nosotros ese sin sentido es precisamente el sentido más profundo, preguntamos en nombre de qué se nos destruyó el sentido normal; contemplamos el absurdo como si fuera un jeroglífico e intentamos descifrar su razón, que sabemos existe...El arte puede entonces también, y debe, destruir la realidad, descomponerla en elementos, construir con ella nuevos absurdos...en esa arbitrariedad se oculta una ley, el asalto a la razón tiene una razón; la locura, al destruirnos la razón exterior, nos introduce en nuestra razón interior.

Witold gombrowicz - Diario argentino

lunes, 26 de enero de 2009

Gutav Meyrink - El Golem

La luz de la luna llena cae a los pies de mi cama como una piedra grande, lisa y blanca. Cuando el disco empieza a encogerse y su lado derecho se consume - como una cara que al envejezcer muestra las arrugas y adelganza primero de un lado - es entonces, a esa hora de la noche, que se apodera de mí una congoja sombría y angustiosa.

Ni dormido ni despierto, me deslizo en una suerte de sueño en el que lo vivido se mezcla con lo leído y escuchado. Antes de acostarme había leído algo sobre la vida de Buddha Gotama y sin cesar esas pocas frases pasaban una y otra vez por mi cabeza, idénticas y fluctuantes:

"Una corneja voló hacia una piedra que parecía un trozo de grasa y pensó: Quizás haya aquí un buen bocado. Pero como la corneja no encontró nada apetitoso, se fue volando. Del mismo modo que la corneja que se había acercado a la piedra, nosotros -los que buscamos- abandonamos al asceta Gotama, porque hemos perdido el placer que hallábamos en él."

Y la imagen de la piedra parecida a un trozo de grasa crece monstruosamente en mi mente:

Atravieso el lecho seco de un río y recojo piedras pulidas de color gris-azulado, cubiertos de polvo brillante, que no alcanzo a explicarme a pesar de que me estrujo la cabeza con gran esfuerzo- y después otros negros con manchas amarillas de azufre, como petrificados intentos de un niño por imitar unas salamandras toscamente moteadas.

Quiero arrojar esas piedras lejos de mí, pero una y otra vez se me caen de las manos, y no puedo apartarlas de mi vista.

Aparecen a mi alrededor todas las piedras que han jugado un papel en mi vida. Algunas se esfuerzan penosamente por separase de la arena y llegar a la luz, como grandes cangrejos grises a la hora en que sube la marea; se diría que hacen todo lo posible en atraer mi atención hacia ellos y decirme cosas de importancia infinita. Otros, agotados, vuelven a caer, sin fuerzas, en sus agujeros y abandonan la esperanza de proferir jamás una palabra.

A veces emerjo de la penumbra de estos ensueños y veo de nuevo, por un instante, la luz de la luna llena sobre el borde plegado de mi manta, pesada y redonda como una piedra grande para volver a partir ciegamente en la búsqueda vacilante de mi conciencia que se desvanece, buscando sin descanso la piedra que me atormenta - que debe estar oculta en alguna parte bajo los escombros de mis recuerdos y que se asemeja a un trozo de grasa.

No lo consigo. En mi interior, con una obstinación imbécil, una voz extraña repite en mi - incansable como un postigo que el viento golpeara contra las paredes a intervalos regulares -: no era esa, que ésta no es en absoluto la piedra que parece grasa.

Y no hay forma de librarme de la voz. Cuando, por centésima vez, objeto que todo esto es secundario calla entonces por un momento, pero luego, imperceptiblmente, va despertando para volver obstinadamente a comenzar: si, bueno, está bien, pero no es la piedra que parece un pedazo de grasa.

Entonces, lentamente, empieza a apoderarse de mí una insoportable sensación de impotencia.

No sé lo que ha pasado después. ¿He abandonado voluntariamente la lucha, o ellos, mis pensamientos, me han subyugado y dominado? Sólo sé que mi cuerpo yace dormido en la cama y que mis sentidos se han separado y ya nada los une a él.

De pronto quiero preguntar quién es "Yo"; y es entonces cuando me acuerdo de que ya no poseo órgano alguno con el que formular preguntas, y temo que esa tonta voz vuelve a despertar y comience desde el principio el eterno interrogatorio sobre la piedra y la grasa.

Es entonces cuando me doy vuelta.

miércoles, 5 de marzo de 2008

Un sueño en "El lector"

La casa de la Bahnhofstrasse ya no existe. No sé cuando la derribaron ni porqué. He estado muchos años fuera de mi ciudad. (...)

Años más tarde soñé muchas veces con aquella casa. Los sueños siempre eran parecidos, variaciones de un mismo sueño y un mismo tema. Andando por una ciudad extraña, veo la casa. Está en una calle de un barrio que no conozco. Sigo caminando, desconcertado, porque conozco la casa pero no el barrio. Luego me doy cuenta de que ya he visto esa casa alguna vez. Pero no pienso en la Bahnhofstrasse de mi ciudad, sino en otra ciudad u otro país. En el sueño estoy, por ejemplo, en Roma, veo la casa allí y me acuerdo de haberla visto antes en Berna. Ese recuerdo soñado me tranquiliza; volver a ver la casa en otro entorno no me parece más extraño que el encuentro casual con un viejo amigo en un lugar ajeno. Doy media vuelta, regreso a la casa y subo los escalones. Voy a entrar. Acciono el tirador de la puerta.

A veces veo la casa en el campo; entonces el sueño es más largo, o quizá lo que pasa es que luego me acuerdo mejor de los detalles. Voy en coche. Veo la casa a mano derecha y sigo conduciendo, al principio desconcertado sólo por el hecho de ver en medio del campo una casa cuyo lugar evidentemente está en una calle en plena ciudad. Luego me doy cuenta de que ya la he visto alguna vez, y mi desconcierto se redobla. Cuando recuerdo el lugar en que la vi por primera vez, doy la vuelta y regreso a ella. En el sueño, la carretera está siempre vacía, puedo dar la vuelta derrapando y desandar el camino a toda velocidad. Temo llegar tarde y acelero. Entonces la veo. Está rodeada de campos: nabos o trigo, viñas si es en la zona del Rin, o espliego si es en Provenza. El terreno es plano, o como mucho suavemente ondulado. No hay árboles. El día es claro, brilla el sol, el aire reverbera, y la carretera reluce por efecto del calor. Las paredes medianeras al desnudo hacen que la casa parezca cortada, incompleta. Podrían ser las paredes de una casa cualquiera. No parece más sombría que en la Bahnhofstrasse. Pero las ventanas están cubiertas de una capa de polvo que no deja ver el interior de las habitaciones, ni siquiera los visillos. La casa es ciega.

Me detengo en el arcén y cruzo la carretera en dirección a la puerta. No se ve a nadie, no se oye nada, ni siquiera el ruido lejano de un motor, ni el viento, ni un pájaro. El mundo está muerto. Subo los escalones de la planta baja y tomo el tirador de la puerta.

Pero no la abro. Me despierto y sólo sé que he tomado el tirador y he tirado de él. Y a continuación me acuerdo de todo el sueño, y también de que ya lo he tenido otras veces.

Bernard Schlink - El lector

martes, 4 de marzo de 2008

Kundera

Soñaba alternadamente tres seriales de sueños: el primero en el que la atacaban las gatas, hablaba de sus sufrimientos mientras vivía; el segundo serial mostraba su ejecución en innumerables variaciones; el tercero hablaba de su vida después de muerta en la cual su humillación se convertía en una situación que no tenía fin.

En estos sueños no había nada que descifrar. Las acusaciones que iban dirigidas a Tomás eran tan claras que lo único que el podía hacer era callar y acariciar la mano de Teresa con la cabeza gacha.

Además de explícitos, aquellos sueños eran hermosos. Esta es una circunstancia que se le escapó a Freud en su teoría de los sueños. El sueño no es sólo un mensaje (eventualmente un mensaje cifrado), sino también una actividad estética, un juego de la imaginación que representa un valor en sí mismo. El sueño es una prueba de que la fantasía, la ensoñación referida a lo que no ha sucedido, es una de las más profundas necesidades del hombre. Esta es la raíz de la traicionera peligrosidad del sueño. Si el sueño no fuera hermoso, sería posible olvidarlo rápidamente.

Pero ella regresaba constantemente a sus sueños, volvía a proyectárselos, los transformaba en leyendas.

Tomás vivía bajo el hipnótico encanto de la atormentadora belleza de los sueños de Teresa.

Milan Kundera - La Insoportable Levedad del Ser

martes, 14 de agosto de 2007

Una pesadilla de Borges

Yo estaba en mi habitación; amanecía (posiblemente esa era la hora en el sueño) y al pie de la cama estaba sentado un rey, un rey muy antiguo, y yo sabía en el sueño que ese rey era un rey del norte, de Noruega. No me miraba: fijaba su mirada ciega en el cielo raso. Yo sabía que era un rey muy antiguo porque su cara era imposible ahora. Entonces sentí el terror de esa presencia. Veía al rey, veía su espada, veía su perro. Al cabo desperté. Pero seguí viendo al rey por un rato, porque me había impresionado. Referido, mi sueño es nada; soñado fue terrible.

martes, 7 de agosto de 2007

En - sueños

Hace un tiempo atrás escribí sobre mi atracción por el mundo de los sueños y de como, sin darme cuenta en su momento, fui volcando esta atracción en algunas obras mias. Por supuesto en la que se llama "Entre sueños" , acerca de la cual también escribí algunas líneas , pero también en otras más como "El mismo Camino" y, en menor medida, en "A tu memoria".
Todas ellas las puse en el Emule hace un tiempo y las voy a poner otra vez en estos días. Y "Entre sueños" la podés escuchar y conseguir aquí.


Pero volviendo al tema de los sueños creo que tienen ciertas características, ciertas cualidades totalmente musicales, o por lo menos el tipo de elementos que me gustan musicalmente: una cierta y aparente "falta de coherencia" (sólo aparente) por lo que algunas situaciones se derivan en otras sin ninguna hilación, la simultaneidad de distintos niveles de sentido, la presencia de objetos o personas que sabemos quienes son pero que se nos aparecen totalmente distintos a como son en realidad... y aunque se que me estoy quedando corto, con sólo estos ya tenemos bastantes situaciones musicales. ¿Es posible? ¿Es posible pensar en un sueño musical?

Hace un tiempo intenté escribir un breve relato al respecto. Espero que te guste. Aunque si pensás, con cierta sonrisa, "mmm, mejor que siga con la música" no me voy a ofender.

Entre sueños

- ¿ Soñás con sonidos?

Tirados en la cama, sin hacer nada en particular más que un poco de fiaca, de repente me sorprendés. No me esperaba siquiera que hablemos, sino más bien irnos durmiendo de a poco. Y me gustó tanto la pregunta que me sonrío y no te contesto. No quiero cortar la atmósfera especial en la que me vi envuelto con una simple respuesta. Prefiero que quede “Blowin´ in the wind” como decía Bob Dylan.

Por supuesto, me generaste un sinfín de pensamientos. ¿Sabés una cosa? Hace tres o cuatro años y, como no podía ser de otra forma, de manera absolutamente azarosa encontré un escrito de Borges en donde llegaba a la conclusión que los sueños son la “actividad estética más antigua del hombre”. Y esta idea tan sugestiva me cautivó. Por varios motivos. Por un lado siempre pensé que el dominio que cualquiera de nosotros pueda llegar a alcanzar en determinado arte estaba íntimamente ligado a cierta práctica, cierta reflexión, conocimiento, etc., que devenía en el llamado “oficio”. Y a partir de ahí el artista era el que dominaba su material y podía expresarse enteramente haciendo lo que “él” quisiese y no lo que le salga, lo que el material le imponga. Pero ... en el caso de los sueños evidentemente no es así. ¿O acaso hay alguien que domine sus sueños? Basta recordar el enorme esfuerzo que hace ese hombre en “Las ruinas circulares” para poder soñar otro hombre en toda su integridad... y eso finalmente no era más que otro sueño. Entonces ¿es una actividad estética absolutamente inmanejable? Creo que no, pero no estoy muy seguro.

Aprovecho ese instante de duda para estirarme un poco. Me mirás divertida, aunque algo intrigada. Estás esperando una respuesta que no llega, se demora y se hace desear. Sabés perfectamente que me fui. Te acurrucas un poco, lenta y dulcemente. Está haciendo frío y nos olvidamos de encender la calefacción.

Por otro lado está el tema de diferenciar sueño y realidad. Soñar sonidos... ¿Serían como vestigios, restos sonoros de la vigilia? ¿Y si es exactamente al revés? En ese caso no haríamos mal en acordarnos del filósofo Chuang Tzu que decía no saber si él era un hombre que había soñado ser una mariposa o si era una mariposa que estaba soñando ser un hombre. Esta duda, esta actitud de vida me parece mucho más rica que la vieja dicotomía: estamos despiertos, en pleno uso de nuestras facultades, y enteramente conscientes o estamos dormidos y no tenemos ningún tipo de control sobre nada. Bueno, al menos eso es lo que desde tiempos inmemoriales pregonan o predican religiones o filosofías varias. El estar despierto, el “despertar” (por supuesto a lo que ellos proclaman), como algo positivo y activo, frente a un estado de pasividad, el estar dormido. Que se yo ... prefiero cultivar un camino intermedio. Hay un tránsito, un puente frágil y flexible entre un estado y otro que es el que me gusta explorar, es en el cual quiero quedarme y el que vivencio como más rico, creativamente hablando. Por algo es el que fascina y seduce a tantos poetas. Sin duda fue Calderón uno de los que lo expuso de manera más clara: “¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción ... toda la vida es sueño y los sueños, sueños son”

- Che ... ¿Te hice pregunta, no te acordás? Me decís con un tono que oscila entre la queja y la modorra.

Justo me hablás de acordarse, de recordar, y recién ahora, mirá vos, me doy cuenta porqué muchas veces confundí sueños con recuerdo. Más de una vez hablé de uno u otro como si fueran lo mismo. Claro, no tenemos forma de acceder a nuestros sueños excepto por el recuerdo, con lo cual nunca sabemos si fue exactamente así, o si al revivirlo lo modificamos mucho o poco. Y a la vez el sueño toma su material de los mismos recuerdos. Es una mutua alimentación. Hace unos cuantos años leí (me causa gracia pensar sobre sueños y acordarme de libros) que en Alban Berg la tonalidad es un recuerdo. Y lo interpreté como si Berg soñaba con obras tonales y al despertarse esa tonalidad quedaba desdibujada. Traduje recuerdo a sueño. En una parte de “El mismo camino” jugué un poco con esa idea. Me imaginaba lo que Mahler pudo haber soñado mientras componía su Séptima Sinfonía, que casualmente se llama “La canción de la noche”: esbozos de fragmentos orquestales, ideas melódicas apenas sugeridas, texturas confusas, armonías enrarecidas ... jamás voy a saber cuan lejos pude estar o no del sueño de Mahler, pero me resultó muy estimulante.

Mientras pienso todas estas cosas, tu respiración me acompaña con una cadencia suave y relajada que me da mucho placer y tranquilidad ... y precisamente el tema de la simultaneidad es algo que me resulta mágico en los sueños. El soñar que uno está con determinada persona, pongamos el clásico “Fulano”, y aunque uno lo vea con otra cara y otro cuerpo totalmente distinto, uno sabe que es Fulano. No sé como, pero uno en los sueños sabe perfectamente estas cosas. Lo mismo pasa con los lugares: estoy en mi casa pero esto que veo no tiene nada que ver con mi casa. Y ahí hay dos planos claramente diferenciados, lo que vemos y la conciencia que tenemos de eso. Que no es casualidad porque seguro tiene alguna relación con lo que va a venir después, con la sucesión. Aunque ya sabemos que los sueños lo que menos tienen es linealidad, o sea, no por abrir la puerta del baño, voy a entrar necesariamente al baño, puedo encontrarme con una playa. Pero por más disparatado que parezca siempre tiene alguna relación, aunque sea remota, con la historia, con el tema de ese sueño. Y ojo que intencionalmente dejo de lado la palabra “interpretación”, no es eso lo que me importa, sino el sueño como cuento, como relato onírico ... ¿Será por eso que Borges dijo lo de actividad estética? No se, pero me encantaría poder componer un verdadero sueño musical algún día ...

- La verdad es que no sé si sueño con sonidos. Tampoco sé de donde salen ... pero me gusta la idea de ...

Te miro y estás profundamente dormida. Si, pasó cierto tiempo y reconozco que tuviste paciencia. Te vuelvo a mirar y de paso te tapo. Recorro el contorno de tu cuerpo acercando la frazada. No entiendo como hacés para tirarla tan rápido.

Para premiar tu silenciosa espera, mañana te despierto con un desayuno especial.

Ese que tanto te gusta.