martes, 4 de marzo de 2008

Kundera

Soñaba alternadamente tres seriales de sueños: el primero en el que la atacaban las gatas, hablaba de sus sufrimientos mientras vivía; el segundo serial mostraba su ejecución en innumerables variaciones; el tercero hablaba de su vida después de muerta en la cual su humillación se convertía en una situación que no tenía fin.

En estos sueños no había nada que descifrar. Las acusaciones que iban dirigidas a Tomás eran tan claras que lo único que el podía hacer era callar y acariciar la mano de Teresa con la cabeza gacha.

Además de explícitos, aquellos sueños eran hermosos. Esta es una circunstancia que se le escapó a Freud en su teoría de los sueños. El sueño no es sólo un mensaje (eventualmente un mensaje cifrado), sino también una actividad estética, un juego de la imaginación que representa un valor en sí mismo. El sueño es una prueba de que la fantasía, la ensoñación referida a lo que no ha sucedido, es una de las más profundas necesidades del hombre. Esta es la raíz de la traicionera peligrosidad del sueño. Si el sueño no fuera hermoso, sería posible olvidarlo rápidamente.

Pero ella regresaba constantemente a sus sueños, volvía a proyectárselos, los transformaba en leyendas.

Tomás vivía bajo el hipnótico encanto de la atormentadora belleza de los sueños de Teresa.

Milan Kundera - La Insoportable Levedad del Ser

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